Xurado popular.
Cando se aprobou a Lei do Xurado eu tiña dezaseis anos, e tiven a sensación de que, algún día, me traería problemas. A principios de novembro pasado recibín unha carta notificándome que me tocara entrar na lista de candidatos a xurado, nunha desafortunada confirmación daquela «visión». A continuación, apunto aquí o texto da instancia pola que solicitei ser borrado de esa lista, onde creo deixar suficientemente clara a clase de problemas que me vai traer a lei do xurado.
«Ilustrísimo Señor:
Habiendo tomado conocimiento de cuanto implica mi inclusión en la lista de candidatos a jurado para el próximo bienio, después de estudiar con detenimiento la LEY ORGANICA 5/1995, DE 22 DE MAYO, DEL TRIBUNAL DEL JURADO, y constatado que la LEY ORGÁNICA 8/1995, DE 16 DE NOVIEMBRE, por la que se modifica la anterior, no produce cambios sustanciales en mis deberes con respecto a la institución del Jurado, me veo obligado a solicitar que se me excluya de la citada lista por los MOTIVOS DE CONCIENCIA que describo en el presente escrito.
No cabe discusión sobre el deber de todo ciudadano, en un estado de derecho, a su participación activa en todos los poderes que rigen a este, en la procura de su mejor funcionamiento para el bien común. Así, el testimonio o el peritaje en los procesos judiciales, la intervención en el debate previo a la redacción de las Leyes o la demanda, ante las instancias pertinentes, de cuantos medios precise la Administración de Justicia para su correcto desempeño, son ejemplos de formas en que el ciudadano contribuye a una Justicia acorde con el Estado en el que desea vivir. No obstante, existe un límite entre la participación y la obligación de asumir ciertas competencias que, como ciudadano, mi ética me obliga a rechazar en razón de mis carencias formativas y personales en materia jurídica, al incapacitarme estas para disponer sobre cuestiones tan serias como la inocencia o culpabilidad de un conciudadano respecto a cualquier delito, así como las correspondientes y no banales consecuencias de tal veredicto. Aún suponiéndome capaz de discernir objetivamente aquellos hechos suficientemente probados de los que no lo estén, mi conciencia limita la posibilidad de emitir veredicto sobre otra persona.
Sirva como apoyo a mis argumentos la comparación de los deberes cívicos con respecto a la administración de Justicia y otro deber, no memos importante, como es el deber de socorro. Tal y como nadie imaginaría extender tal deber hasta imponer la obligación arbitraria de que cualquier ciudadano, seleccionado por sorteo, debiese participar activamente en una intervención quirúrgica, o tan siquiera en una cura de urgencia dentro de un centro hospitalario, por muy asistida de facultativos profesionales que fuese la tarea, considero fuera de toda lógica obligarme a asumir responsabilidades que corresponden, por vocación, formación y experiencia a magistrados y demás juristas profesionales, y para las cuales carezco de preparación alguna.
Por tanto, siendo conocedor de los preceptos legales que me obligan según la LEY ORGANICA 5/1995, DE 22 DE MAYO, DEL TRIBUNAL DEL JURADO, solicito que se me excluya de la lista de candidatos a jurado en la que he sido incluido por sorteo, en tanto en cuanto mi conciencia podría impedirme participar con normalidad en la institución del Jurado, particularmente en lo referente a la emisión de veredicto, tal y como lo recogen los artículos 58 y 60 de la citada Ley.
Amparo esta solicitud en el ARTICULO 125 DE LA CONSTITUCION ESPAÑOLA, que dice textualmente: «Los ciudadanos podrán ejercer la acción popular y participar en la Administración de Justicia mediante la institución del Jurado, en la forma y con respecto a aquellos procesos penales que la Ley determine, así como en los Tribunales consuetudinarios y tradicionales.», redacción de la que se desprende, a mi juicio, el derecho a la participación en la institución, mas en ningún caso la obligatoriedad, tal y como pretende disponer la LEY ORGANICA 5/1995.
Rogándole que tenga a bien considerar estas razones y acepte lo que aquí se le solicita, le saluda atentamente,
F. Míguez.»
A miña solicitude foi rexeitada porque se basea nunha excusa non contemplada na lei, que cita as típicas dos cargos públicos, cargas familiares, etc. e deixa a porta aberta a «los que aleguen y acrediten suficientemente cualquier otra causa que les dificulte de forma grave el desempeño de la función de jurado». Supoño que o Sr. Xuiz non entendeu como suficientemente acreditada a miña conciencia, que non considerou esta como algo «grave» ou que, simplemente, non quixo complicarse a vida. Veremos qué pasa.
¿Estivo alguén antes nunha lista de xurados?
Es tan personal e intransferible, tu posición de solicitar la baja en la lista de posible jurado popular, como la de aquel que lo considera un derecho a ejercer cuando toca.
Planteas un tema ético y moral, con connotaciones de ciudadanía, que yo no me atrevo a dilucidar.
Pero me gustó que lo hayas hecho.
Comment by ártabro — December 10, 2008 @ 10:16 pm
Este é um caso bicudo, Miguez, porque envolve questões de cidadania e ética com inevitáveis transtornos pessoais. Por um lado, o direito do cidadão ser julgado pela gente comum (inter pares), por outro o da gente comum poder exercer a administração da justiça. E, terceiro vértice do triangulo, o direito à objecção de consciência.
Assim, coloca-se a questão: justifica-se a obrigatoriedade para não facilitar o absentismo dos cidadãos? Fraca noção da sensibilidade cívica das pessoas, eventualmente mais receptivas se forem esclarecidas da bondade da iniciativa. Se calhar, deve ser por aí que se devia começar, tal como se faz com as campanhas para recolha de sangue, p.ex..
Comment by pepe — December 11, 2008 @ 9:28 am
Non sabías que leren as cartas dos cidadáns (xa non digo telas en conta!) non entra en ningún dos temas das oposicións a xuís en España?
Comment by cansendono — December 11, 2008 @ 11:18 pm
Supoño que non é moi ususal que alguén non considere oportuno administrar xusticia cando non forma parte desa administración (sí é moito máis usual esa desatención citada por cansendono
).
O que si me parece de todo grado cínico é que obriguen ós cidadáns a participar na aplicación das leis mentres, na súa elaboración, a delegación no poder lexislativo é intocable e un cidadán ten moi difícil facer a súa achega ós textos legais ou a calquera decisión de goberno, incluso a nivel municipal.
Dito doutro xeito, se é obrigatorio que, ademáis de existir un poder xudicial, os cidadáns temos que participar obrigatoriamente no seu traballo ¿por qué non existe tamén unha lista de “xurados” para deputado nacional, autonómico e concelleiro?
Tal vez escriba, algún día outro artigo sobre este dilema.
Comment by F. Miguez — December 12, 2008 @ 10:34 am
Foi boa a túa reposta, pero esperable a decisión de non tercha en conta. A conciencia non se ten en conta na xustiza, polo que se ve neste país
Comment by A Lareira de Santiso — December 16, 2008 @ 12:08 pm
Supoño que, cos precedentes que hai, non está demostrada a súa existencia
Comment by F. Miguez — December 16, 2008 @ 12:24 pm